martes, septiembre 04, 2007

Rufina Cambaceres: dos muertes en la vida


De los mitos nunca hay una sola versión, sino que según dónde y cuándo se escuchen las voces que los relatan, varía el contenido. Este sí, se entrama en una estructura cuasi invariable que involucra dos o tres ingredientes básicos que no se modifican entre versión y versión.

Podemos decir entonces que la historia de la muerte de Rufina Cambaceres tiene algo de mito, aunque su tumba sea una concreta realidad en el Cementerio de la Recoleta, ella haya fallecido a la edad de 19 años, haya sido la hija que el escritor Eugenio Cambaceres tuvo con la bailarina italiana Luisa Baccichi, y haya muerto según los médicos, dos veces.

El relato principal que se teje en torno a las misteriosas circunstancias del fallecimiento de Rufina, cuenta que el 31 de mayo de 1902, ella cumplía 19 años. Su madre -don Cambaceres había fallecido en 1888- le había preparado a modo de festejo, una regia salida al teatro.
Estaba acicalándose Rufina para irse a la ópera, cuando se desmayó. Luisa llamó a varios médicos para que la revisaran y atendieran, pero el dictamen fue siniestro: estaba muerta.

Al día siguiente (o esa misma noche, según las versiones), Luisa, que estaba "en pareja" pero no casada con Hipóligo Yrigoyen -habían tenido un hijo en 1897, Luis Herman-, asistió al entierro de su hija en el cementerio de la Recoleta, dicen que acompañada por el mismo Yrigoyen.

Unos días después, uno de los cuidadores del lugar encontró el ataúd de Rufina movido. Avisó a sus familiares, y pensando éstos que quizás se había tratado de un intento de robo pues habían enterrado a la chica con sus mejores joyas, se procedió a la apertura del féretro para comprobar que todo estaba en su lugar.
La sorpresa fue que encontraron a la joven con sus manos arañadas y las paredes del ataúd rasguñados. Rufina no había muerto sino luego de su entierro, y lo anterior que habían observado los médicos se había tratado de un ataque de catalepsia: los arañazos eran signos de que Rufina, al despertarse, había intentado por todos los medios salir de su prisión de madera sin conseguirlo, falleciendo finalmente por asfixia.

En el Cementerio de la Recoleta puede verse la tumba de Rufina, mandada a construir por Luisa separada de la de su difunto esposo, en la que la imagen que representa a la joven está ante la misma puerta de la bóveda, con la mano aferrada al picaporte. Puede ser que represente a Rufina logrando aquello que no pudo conseguir: salir de su propia tumba, cerrando la puerta tras ella.


Hasta acá, aún con ciertas dudas, lo que se sabe.
Lo que se supone o lo que indican muchas historias conexas, son una larga serie de detalles o relatos que dibujan otros mapas con los mismos personajes, y algunos otros añadidos.

Para empezar, el contexto de la historia de Rufina y el amor de Luisa por Yrigoyen, no iban a salir impunes en la cartelera del chismorreo popular: si bien la viuda de Cambaceres y don Hipólito convivían y habían tenido un hijo en común, este hecho era objeto de oprobio en la época, y la mayoría de las cosas que se cuentan, involucran -con justa o injusta razón, no sabemos- a la misma Luisa Baccicchi, que como si fuera poco, había sido bailarina, añadiendo ante los ojos de la sociedad una mancha más para su currículum.

Una de las versiones dice que la madre de Rufina mantenía relaciones con el novio de ella, y que mientras la joven se estaba terminando de arreglar para salir al teatro, su mejor amiga le dio la noticia, causándole tal disgusto que ésta cayó como muerta al suelo.
Otra de las versiones cuenta que Luisa le suministraba a Rufina una droga todas las noches, para dejarla dormida mientras ella iba a encontarse con el propio novio de su hija. La noche de la supuesta muerte de Rufina se habría excedido en la dosis, induciéndola a un coma que los médicos no pudieron detectar.

Otra variante de la historia cuenta que Rufina logró salir de su ataúd, y que al encontrarse sola y de noche en pleno cementerio, murió de un ataque al corazón. Se toma como aval de este hecho a las versiones que dicen que el ataúd se encontró abierto.

Al fin de cuentas, el mausoleo labrado por Richard Aigner es una de las obras más inquietantes del cementerio, y denota cierta ambigüedad pues no se distingue si Rufina está entrando o saliendo de su morada final, como dándonos a entender que nunca del todo tampoco nosotros -simples espectadores post-contemporáneos- lograremos saber a ciencia cierta más que los pocos datos invariables que la leyenda nos transmite, a través de sus versiones.



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Otros datos:
+ Luisa Baccichi era conocida como "La Bachicha" por la sociedad porteña de fines del siglo XIX. Otro apodo que recibió fue "La Escondida", por haber sido sombra de Yrigoyen desde su primera presidencia.
+ Yrigoyen alquiló la estancia "El Quemado", que era propiedad de los Cambaceres, para trabajarla pues Luisa no podía encargarse de ella. En esa estancia el mismo Yrigoyen desarrolló parte de sus encuentros políticos, acompañado por Luisa, anfitriona natural del lugar.
+ Dicen que el novio de Rufina se suicidó en la puerta del Café Tortoni, veinte días después del fallecimiento de ella.
+ Hipólito Yrigoyen fue profesor de Instrucción Moral y Cívica en el Colegio Normal de Maestras, designado por Sarmiento. Una de sus alumnas fue Alicia Moreau de Justo.

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UPDATE: alguien quiso hacer pasar este artículo por suyo y subirlo a la Wikipedia.

14 comentarios:

Fray Mollo dijo...

Bueno, bueno, tampoco exageres, que no está "aferrada" al picaporte (salvo literalmente), sino que, al contrario, lo toma con un gesto muy delicado. Te ganó el sensacionalismo.

Corvina dijo...

Qué historia tan triste... y qué linda la contaste. Pobre Rufina. Parece que estuviera llorando.

Baterflai dijo...

No, la fuente de datos.
Había peores y muchos datos muy errados en la mayoría de las fuentes que consulté, como ser que Rufina había ido esa noche a una función en el Colón... cuando el Colón aún no había sido construido.
Lo que pasa es que me decís estas cosas porque no te corregí el título del chiste neustad. (?)

DudaDesnuda dijo...

Che, ¿y cómo se llamaba el novio de Rufina??? ¿Qué pasó con el medio hermano??? Ahora me clavaste la intriga y tengo que saberrrr, tengo que saberrrrr!!!

La verdad que La Bachicha mucho a la hija no la debió querer... ponerle Rufina de nombre. Yo creo que la piba se levantó del cajón para ir a buscar a la vieja y reventarla a patadas total, a los muertos no los pueden juzgar. Andá a saber que pasó para que se muriera antes de hacer justicia.

Besos y picaportes.

ElTeta dijo...

Qué historia más densa, pobre chica.

PD: Tienen razón los que dicen que te queda bien ir de largo en los post.

Baterflai dijo...

Bue, a la Bachicha mucho no la querían tampoco, fijate el apodo que le pusieron. :P
Luis Herman Irigoyen (tal el verdadero apellido de Hipólito Yrigoyen, al que le cambió la "i" por una "y" para diferenciarse de Bernardo de Irigoyen, con cuya ideología no estaba nada de acuerdo), pidió permiso para usar ese apellido con "i" aunque su padre no lo reconoció jamás, como hizo con tantos otros hijos que tuvo con una buena cantidad de mujeres distintas.

Fray Mollo dijo...

Mi segundo nombre es Némesis.

No, mentira.

Pero en la foto se ve que no está aferrada. Si yo no tenía la foto a la vista me hubiera imaginado a la estatua representando una loca agarrada a la puerta del sepulcro con la mandíbula desencajada y borboteante de espumarajos.

Weltklang dijo...

Que historia tan bella tan y triste. Los cementerios son una cantera inagotable de mitos y leyendas ¿que será lo que dispara la imaginación? ¿la incógnita de saber que hay al otro lado? ¿la tragedia de la pérdida? ¿el morbo ante el dolor ajeno? (que bicho extraño es el humano)

beso
W

Vill Gates dijo...

Ves, a eso me refería en otro post con el tema de las historias y las tumbas. Es para quedarse llorando al lado de las estatuas a veces.

Una vez fuí a la Chacaritaa la tumba de mis abuelos y escucho que de una boveda salen unos llantos desgarradores. Se ve que la mujer que lloraba sentía de una manera tan terrible la pérdida que TODOS los que estabamos allí lloramos al pasar...

Muy bueno Bater!

Juan dijo...

Una vez, a la vuelta de un entierro en Chacarita quise atajear, no prosperó... me perdí un rato entre las diagonales en la parte de las bóvedas y terminé de frente a una tumbita de tierra, la única planita entre tanto faraón, pobrecita ...toda rala, sin que le llegara un mísero rayito de sol y jaqueada por las medianeras de mármol de los vecinos.

Decía algo así como: "fulano de tal ...muerto en cumplimiento de su deber durante la epidemia de fiebre amarilla (...)"

No tenía cámara, ni celular... nada. Pero quería volver, hacer unas fotos y averiguar quién había sido ese fulano para que le respetasen su terrenito, en lugar de mandar sus huesos al sector de los llanos y licitando el Hilton Chacarita en su lugar ...pero en las dos veces que volví ...me fué imposible encontrarlo.

bzl dijo...

Sip, esta historia la conocia, menos la del amante del novio de la madre o al reves, no se.

El cementerio de la recoleta fue refugio de millones de tardes del secundario, cuando nos rateabamos o simplemente porque daba ir.

Dicen que la cancion de charly "rasguña las piedras" (hola? sutileza?) esta basada en la historia de rufina porque saynomore iba mucho al cementerio...


Bue me dio nostagiota, beso...

Ana C. dijo...

Y qué casualidad que esta historia relacione a una heroína tan romántica con una de las joyitas del arte funerario en su más pura versión art nouveau!

Pumplafiz! dijo...

Mi estimada Mosca de la Manteca:

Sabés que en mi época de estudiante de fotografía me mandé al camposanto de Recoleta a disparar, y, caminando me encontré con ésta belleza de obra?. Tengo mil tomas.
Desconocía por completo la historia, gracias por contármela!!!
Besos mil.

claus dijo...

Uno de los guias hace unos años contó otra leyenda sobre esa tumba: que la familia luego de ese episodio mando instalar un timbre del lado de adentro. El mismo guia confeso que sintio curiosidad por averiguar si era cierto aprovechando que unos albañiles estaban arreglando el sepulcro para pispear si estaba el dichoso aparatito.. pero no se animo a decirles lo que estaba buscando