Está bien que eso de los 29 y los ñoquis tiene algo ya a esta altura del partido de telúrico. Pero esto de que el 1º de agosto hay que tomar té de ruda, es un invento de hace 20 minutos y está cundiendo entre la blogueritud de un modo asaz alarmante. Revisen los historiales, a ver si el año pasado o el otro o el otro o el otro algún 1º de agosto alguien se acordó de tomar té de ruda y expandir esa masoquista costumbre por todos lados.
Señores, el té de ruda (y la ruda entera) es abominable. Pasás y quedás electrocutado al olor que larga.
Yuyos buenos son, por ejemplo, el laurel, que venía en coronita en la frente de los césares y hasta lo tenemos en el escudo. Otro es el orégano. Tan bueno es que mi abuelo tenía una matita allá en Córdoba, en su quintita, y la cuidaba como a un nieto. Y así. Está lleno de yuyos bonitos ¿y justo me vienen a hacer tecito con la ruda, que es una soberana porquería? Ni ái, vea.
A ver si aprendemos un poco: a la Pachamama se la honra con el primer traguito de lo que uno está tomando, que obviamente, no lo toma, porque lo vierte en el suelo; el primer chorrito de lo-que-sea tiene que ir a parar a la tierra, que recibe a modo de convite y ofrenda de eso tan rico que estamos bebiendo. Y no me vengan con que se pondría re chocha de recibir una porquería tal como un té de ruda. Psé.
Y menos, pero menos, si el brebaje hediondo se nos queda en el organismo: sólo recibirá lo que a posteriori nos salga del
meato urinario por resultado de su ingesta.
Sea bueno, convídele a su Pachamama algo más feliz que un clorito. Mire si se descongela el glaciar y todo, todo, todo, por hacerla enojar.
In memoriam todos todos todos esos traguitos que supieron ir a parar a la tierra en momentos muy anteriores a este blog y a la difusión del "té de ruda".