sábado, abril 23, 2011

nena, largá el aparatito

Leyendo esta intersantísima nota sobre "hiper uso de fifidubios" encuentro esta simpática partecita que no puedo dejar de compartir acá:

Anthony Breznican, reportero de Entertainment Weekly, dice que basta con que una persona en una cena se disculpe y atienda su teléfono, para que todos los demás hagan lo mismo.
"En vez de continuar la conversación, todos sacamos los celulares para concentrarnos en ellos", dijo. "Por unos minutos todos se dedican a escribir mensajes. El grupo queda en silencio y todos nos involucramos en una gran competencia de pulgares, la lucha entre el hombre y la pequeña máquina. Luego pasa el momento, los BlackBerry y iPhones se guardan en sus respectivas fundas, y volvemos a ser humanos nuevamente".
 Me ha tocado ser testigo de eso y bastante más: me ha tocado ser la única con la vista clavada en el plato o el vaso mientras otros cinco sujetos estaban tiqui tiqui tiqui sonriendo por haber leído vaya a saberse qué, o testigo de un "disculpame un segundito" para que alguien se tome el tiempo de responder a otro desde el chat personal de su teléfono o un mail laboral impostergable (?). Claro: soy la única que sigue con su Nokia 1100 y ya todos van por la versión nosecuánto de Blackberry, iPhone y Android.

¿Cómo nos sentimos? Básicamente como "comodines comunicacionales". El otro nos pone en el lugar que se le antoja porque tiene que hacer algo con su propio lugar dentro del flujo de datos de otros y con otros. Y uno tiene que aprender a improvisar sobre ese desplazamiento que sufre por parte de los demás... sobre todo si no tiene otro fifidubio con conexión como para distraerse. ¿Qué hace uno consigo mismo cuando es objeto de semejante ADD tecnológico? Yo aprendí a contar hilitos de servilletas, a buscar reflejos en vasos y vidrios e incluso, mejoré muchísimo la técnica del "pispeo por sobre el hombro" (que ya venía practicando en el subte para leer de queruza libros y diarios ajenos, incluso teléfonos) para ver por qué cuernos uno es menos interesante que lo que aparece ahí.

Y me he encontrado que no es que uno sea menos interesante, sino que sucede lo que continúa diciendo el artículo, que es esto:
Más allá del dispositivo, la pantalla ofrece una corriente de datos de mucha gente, por oposición al individuo que uno tiene al lado. Su correo electrónico, cuenta de Twitter, de Facebook y otros grupos sociales online ofrecen corrientes de datos de muchos individuos y uno puede escoger los más interesantes, a diferencia de lo que sucede con el ser humano aburrido con el que uno puede estar atrapado en una fiesta.
También hay un tipo de narcisismo específico que engendra la red social. Al atender y actualizar sus varios avatares, usted se asegura de estar junto a la gente más popular. Uno de los aspectos más seductores de los medios de tiempo real es saber lo que la gente piensa de uno. Las métricas de seguidores y respuestas ofrecen un índice siempre actualizado de los movimientos de la inestable divisa que es uno mismo.
 Agregaría algo más a esto: son cuentas y espacios donde el mismo sujeto ha decidido estar, son parte de su propia creación de sí mismo. Eso de decidir qué, cómo y en dónde mostar qué cosas es la nueva manera de tatuarse en esta época -y como todos bien sabemos, al igual que un tatuaje, la permanencia del mensaje en la red también es permanente.

La cuestión es que vamos a padecer el "desplazamiento ajeno" en tanto y en cuanto ese otro también necesite una confirmación de su propia existencia y valía por parte de terceros ya sea mirando en silencio lo que otros dicen, o respondiendo las demandas de otros, o simplemente generando contenidos para ser observados, aunque en algunos casos no puedan monitorear absolutamente las respuestas. Y eso no es algo "anormal" como podría parecerse: sin los aparatitos estos solemos hacerlo de otra manera, pero de esta otra, se hace bastante más evidente o por lo menos es la que viene utilizando la humanidad desde hace siglos para hacerse ver. Si el universo atencional se abre ofreciendo un hermoso abanico de posibilidades para ir a buscarnos en ellas, lo haremos.

¿Cuál es la ganancia de todo esto? ¿Es un modo de defensa? ¿Es un modo de afirmación de uno mismo? ¿Es más de la búsqueda perpetua de la propia imagen en los demás? ¿Es un modo infinito de estar abierto a las demandas ajenas -en el caso de quienes necesiten sentirse imprescindibles- y a la vez la llave absoluta para los que necesitan ejercer el poder sobre otros?

Remitámonos a frases más originarias de nuestra propia construcción subjetiva: "mamá, mirá! sin manos!". A veces se percibiría como que es lo único que estamos diciendo pero cada vez de diversos modos, con distintas herramientas y bajo distintos códigos.

+ No se olviden de leer la nota mencionada acá.

13 comentarios:

Ing. Alim. Emiliano Pérez dijo...

Sublime! Cuantas veces me he sentido en ambos lados de esta situación, pero siempre incómodo...

Paula dijo...

Hay una nota dando vueltas por ahí que dice que tuitear o feisbuquear libera la misma hormona que al ser besados o abrazados. No es dato menor eso tampoco.

cavilan dijo...

Reconozco que a veces hago eso, a pesar de que me molesta cuando estoy del otro lado. Es más, me considero un antecesor de los que protestan porque su interlocutor se distrae atendiendo mensajitos en el celular: me molestó siempre mucho, desde la época de los teléfonos fijos, que alguien que está hablando con vos (a veces, incluso, de un tema relativamente urgente, o importante) atienda durante el rato que sea la llamada de cualquier descolgado sobre cualquier huevada. Por alguna razón muchos creen que el interlocutor remoto tiene prioridad, como los conductores de TV que se emocionan más cuanto más lejano es el gil que llama.
Esto me pasó a veces en el trabajo. Alguna vez saludé al que no cortaba nunca, y me fui a mi escritorio a llamarlo por teléfono.

Wiipon dijo...

Falos modernos, si los hay.
Muy bueno el post, y muy buena la nota disparadora de este.
Mientras la leía pensé en la cantidad de fotos de eventos "twiteriles" que he visto, donde mas de uno se encuentra mirando su "fifidubio". Una vez podrá ser, pero siempre?
Por mi parte, nunca actualizo twitter con las cosas que estoy "haciendo" en ese entonces, a menos que esté solo. Por ejemplo, nunca tuitearía: "tomando un café en el tortoni con la gente del #WF", sino mas bien "me voy a tomar un café con la gente de #WF" o "tomé un café con.....". Me explico, no?
Hoy en día, Roberto Carlos cantaría: "Yo quiero tener un millón de amigos, y así mas solo poder estar."
Saludos.

Paula dijo...

A veces sí que sirve para avisar que llegaste o hay problemas en el lugar o cuando "migramos" de un bar a otro y alguien se quedó por el camino o va a llegar más tarde.
Varias veces se lo saqué a Walter para avisar de congestionamientos de tránsito o desvío de calles.
Y el resto de las veces? Para pensarlo.

Noah Nassir dijo...

Yo tengo de todo, tanto el nokia 1100 y versiones similares berretas hasta el iphone, milestone y toda la poronga....siempre ando con dos o tres, por cuestiones razonables (guita) pero es simple, si llevo los celulares garompofilos es porque me interesa lo que voy a hacer, la gente que voy a ver o lo que sea..si llevo los otros es porque quiero poder jugar al monkey island o leer desconocidos en la red si me aburro.

Todo el contubernio existencial sobre tecnología humanidad y comunicación social, me dio paja hace como 6 años cuando en un arranque de realismo me di cuenta que es todo lo mismo, parece que cambia pero es todo lo mismo.

La gente nunca se escucha, es muy raro que se intenten comunicar, la mayoría de las relaciones sociales son un juego de proyecciones personales, la comunicación es muy compleja, raya lo heroico intentar comunicarse, saltar la viralidad del lenguaje en sus juegos de palabras, ladear las proyecciones, cascotear las representaciones personales de ideas en forma de totems.

Lograr que alguien entienda que quiero decir cuando te digo "Me gusta el café" es un esfuerzo sobre humano, que no se siquiera si es realizable, hasta el día de hoy, no se si la gente se comunica realmente o en realidad manifiesta una psicosis colectiva de significados y significantes arbitrarios.

Ya lo decía el general Peron "Ladran Quiroga señal de que anda el batman miando"

Anita Quirantes dijo...

Muy a mi pesar debo concluir que entro en todas esas carateristicas que describiste (las malas, claro está), y no es algo de lo que me sienta orgullosa. Para nada. El otro día, sin ir mas lejos, mi madre me dijo (mientras yo leía mi TL) "¿nunca largas ese coso?" Y mas que por respeto, por evitar una discusión, omití recordarle cuantas veces (todas) los domingos mi hermano, cuando la viene a visitar como único dia en la semana, se pasa TODA la tarde leyendo el diario sin siquiera preguntarle como está, o que necesita.
Ni lo uno, ni lo otro....tenemos que salirnos de adentro de nosotros mismos para ver a los demás...ese es el secreto, me parece....
Un Beso...

Paula dijo...

Claro. Es que como bien dice Noah, "en un arranque de realismo me di cuenta que es todo lo mismo, parece que cambia pero es todo lo mismo."

Yo también tengo recuerdos de otros tipos de "conexiones" o enchufamientos a otras actividades para descentrarse/centrarse en otros, y en uno, y así.

Son mecanismos que también permiten las preguntas que puse abajo, es el modo en el que uno se hace lugar ante los demás. Y eso existe con y sin aparatitos de por medio.

Daniel dijo...

Paradójicamente, voy a compartir esto con twitter, feisbuk y la saraza. Lindo análisis, digno de ser releído... Gracias!

Paula dijo...

No es tan paradójico! Gracias por compartir. :)

Nick dijo...

Sisi, me a tocado estar de los dos lados, pero por no tener feisbut ni tuiter ni usar el teléfono para revisar los mails suelo quedar del lado de los que miran el plato esperando que el resto vuelva a la normalidad. Pero alguna que otra vez me colgué con el aparatito a boludear y dejé a todos mirando su plato, mea culpa.

NippurDL dijo...

Mi primer reacción es organizar una colecta para reemplazar el Nokia por algún aparato que te permita incorporarte a ese mundo tan fantástico que describís.

Pero la reprimo. No sé que tan bueno sea ese mundo, en definitiva, si te abstrae de alguien de carne y hueso, que está enfrente tuyo.

Otra imagen que se me viene a la cabeza es la de un chico de diez años, macheteándose en el colegio. La maestra lo ve, pero le da tanta lástima, que lo deja. Lo mismo pasa con quienes, con patético disimulo, consultan sus celulares, y tipean giladas, creyéndose invisibles, y creyendo que no ofenden a quienes tienen enfrente.

Eso no me pasa a mi, por supuesto, porque he desarrollado la técnica de la simulación con gran éxito. Puedo twittear genialidades mientras discuto la teoría de la relatividad, y nadie se da cuenta. O nadie me lo dice, por lo menos. Ahora que lo pienso, la gente habla cada vez menos conmigo.

Por lo demás, claro y conciso. Gracias por escribir.

Paula dijo...

Lamentablemente y por cuestiones laborales, voy a necesitar un Android en breve.
Pero hasta que no me traiga realmente problemas no tener un teléfono con conexión a internet, voy a seguir a puro N1100.